solidaridad con lxs 12 secuestrados… indignacion con lxs oportunistas

30 Jun

Ante lxs 12 supuestos ecoterroristas secuestradxs por el estado español, no faltaron en aparecer entre las voces (y aveces cuerpos) solidarias acusaciones y reproches ante las acciones por las cuales se les acusa (la liberacion de 20mil vidas y la puesta en jaque a la industria peletera en españa)…
ante estas acusaciones dejo a vuestra disposicion algunos textos como el manifiesto del abolicionismo radical, el libro liberacion animal mas que palabras (sobre todo aquel capitulo que hace la analogia entre el frente de liberacion animal y el Underground Railroad), una publicacion que agita a la ofensiva de este tipo de accion llamad el vison salvaje y un libro llamado “como la noviolencia proteje al estado” del cual les dejo algunas anotaciones.

“…Recientemente critiqué al movimiento anti-guerra estadounidense, diciendo que se merecían compartir la culpa de la muerte de tres millones de vietnamitas por ser tan complacientes con el poder del Estado. Un pacifista respondió a mi acusación sosteniendo que la culpa era de (yo esperaba que él dijera que sólo era de los militares norteamericanos ¡pero no!) Ho Chi Minh y los líderes vietnamitas, por practicar la lucha armada. (Tampoco este pacifista considera a lxs vietnamitas capaces de haber dado un gran paso popular hacia la resistencia violenta por sí mismxs, o bien les culpa por ello igualmente.) Uno se lleva la impresión de que si hubiera habido un mayor número de gitanos, judíos, gays y otrxs colectivos que hubieran resistido violentamente al Holocausto, lxs pacifistas lxs hubieran culpado de la matanza.

Podemos decir, resumiendo, que la no violencia asegura el monopolio de la violencia al Estado. Los Estados (las burocracias centralizadas que protegen al capitalismo, preservan la supremacía blanca, el orden patriarcal; e implementan la expansión capitalista) sobreviven gracias a asumir el rol de ser el único que utiliza la fuerza violenta en sus territorios de manera legitimada. Cualquier lucha contra la represión necesita de un conflicto con el Estado. Lxs pacifistas hacen el trabajo del Estado al pacificar a la oposición. Los Estados, por su parte, desaniman a la militancia contenida dentro de la oposición e incitan a la pasividad. Algunxs pacifistas niegan esta mutua relación de dependencia al sentenciar que al gobierno le gustaría que abandonaran su disciplina no violenta y se entregaran a la violencia, o cuando afirman que el gobierno incluso espolea la violencia de sus detractorxs, y que muchxs activistas que instan a la “violencia” son, en realidad, provocadores gubernamentales. Así argumentan que son lxs “violentos” quienes verdaderamente actúan como títeres del Estado. Aunque en algunos casos el gobierno de los Estados Unidos ha usado infiltradxs para animar a los grupos de resistencia a atesorar armas o a planear acciones violentas (por ejemplo, en los casos del atentado de Molly Maguires y Jonathan Jackson, durante la huelga en los juzgados), debe establecerse una distinción crítica. El gobierno sólo anima la violencia cuando está seguro de que dicha violencia podrá ser contenida y no se le escapará de las manos. En definitiva, inducir a un grupo de resistencia a actuar prematuramente o a caer en una trampa, elimina el potencial para la violencia de dicho grupo, al garantizar una condena fácil a prisión de por vida, o bien, en casos en los que ya está en marcha un proceso judicial, permite acabar más rápidamente con lxs radicales. En conjunto, y en casi todos los otros casos, las autoridades pacifican a la población y disuaden de la rebelión violenta.
Hay una razón clara para ello. Contrariamente a las fatuas reivindicaciones de lxs pacifistas que, de alguna manera, les empoderan al excluir la mayor parte de sus opciones tácticas, los gobiernos de todas partes reconocen que abrirse a un activismo revolucionario ilimitado supone una de las mayores amenazas para el poder. Aunque el Estado siempre se ha reservado el derecho a reprimir a quien desee, los gobiernos modernos “democráticos” tratan a los movimientos sociales no violentos con objetivos revolucionarios como amenazas potenciales, más que reales. Espían a dichos movimientos para estar atentos a su desarrollo, y usan “el palo y la zanahoria” para hacer que esta multitud de movimientos simpatice con unos canales totalmente pacíficos, legales, e inefectivos de lucha. Los grupos no violentos podrían estar sujetos a recibir una buena paliza -por ejemplo-, pero tales grupos no son objetivos a eliminar (excepto por gobiernos regresivos o enfrentados a un periodo de emergencia que amenace su estabilidad). Por otro lado, el Estado trata a los grupos radicales como amenazas reales e intenta neutralizarlos con una contra insurgencia altamente desarrollada y operaciones de guerra interna. Centenares de sindicalistas, anarquistas, comunistas y agricultorxs militantes fueron asesinadxs durante las luchas anticapitalistas de fines del XIX y de principios del siglo XX. Durante las últimas generaciones de luchas de liberación, el FBI apoyó a los paramilitares asesinando a sesenta activistas y partidarios del American Indian Movement (AIM) en la Reserva de Pine Ridge, y el FBI, la policía local, y agentes pagados asesinaron a docenas de miembrxs del Black Panther Party, de la Republic of New Afrika, y del Black Liberation Army,así como otros grupos. Fueron movilizados vastos recursos para iniltrarse y destruir organizaciones revolucionarias militantes durante la era COINTELPRO. Todo indicio de organización militante por parte de lxs colonoxs indígenas recibió como respuesta, aún así, una violenta represión. Antes del 11 de Septiembre, el FBI se reirió a lxs autores de sabotajes y a lxs elementos incendiarios del Earth Liberation Front (ELF) y del Animal Liberation Front (ALF) como las más grandes amenazas terroristas internas, aunque ninguno de estos dos grupos hubiera matado ni a una sola persona. Incluso tras los atentados del World Trade Center y del Pentágono, el ELF y el ALF siguieron siendo una prioridad para la represión estatal, como se vió en las detenciones de más de una docena de presuntxs miembrxs del ELF/ALF. El acuerdo de muchxs de estxs prisionerxs de convertirse en chivatxs después de que unx de ellxs muriera en un sospechoso suicidio y de que todxs ellxs hubieran sido amenazadxs con sentencias a prisión de por vida, así como el encarcelamiento de varixs miembrxs de un grupo de derechos animales por acosar a una empresa de vivisecciones con un agresivo boicot, que el gobierno calificó como “una iniciativa de terrorismo animal”; todo esto ilustra la atención estatal”.

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